Formas de identificar ingredientes vegetales en productos de consumo en Chile
13 de Febrero de 2026 Sebastián Aroca Morales
Cada vez más chilenos se fijan en la procedencia de lo que comen, beben o se aplican sobre la piel, y uno de los grandes focos de interés son los ingredientes de origen vegetal. Leer etiquetas se ha vuelto un hábito, pero no siempre es sencillo distinguir qué compuestos vienen realmente de plantas y cuáles son sintéticos o de origen animal.
En este contexto, aprender a identificar ingredientes vegetales en productos de consumo es clave para tomar decisiones más informadas, ya sea por motivos de salud, medioambiente, veganismo o simple curiosidad. Además, el auge de los productos “naturales” y “a base de plantas” en el mercado chileno hace que sea aún más importante saber qué hay detrás de estos términos y cómo interpretarlos de forma crítica y racional.
¿Por qué importa saber si un ingrediente es vegetal?
La primera razón para distinguir el origen vegetal de un ingrediente es la transparencia. Muchas personas quieren saber exactamente qué están consumiendo, no solo el “sabor” o la marca del producto, sino también el tipo de compuestos que incluyen y de dónde provienen.
La procedencia vegetal puede vincularse con preferencias éticas, por ejemplo en dietas veganas o vegetarianas que buscan excluir componentes animales, pero también con consideraciones ambientales sobre el impacto de la producción de ciertos ingredientes frente a otros.
Igualmente, hay factores de salud y tolerancia, algunas personas prefieren evitar derivados lácteos, grasas animales u otros componentes por alergias, intolerancias o simplemente por estilo de vida, y buscan en cambio compuestos asociados a frutas, verduras, semillas o hierbas.
Este interés se refleja en el crecimiento de suplementos, alimentos funcionales y cosméticos que aseguran contener extractos vegetales específicos, lo que obliga al consumidor a desarrollar un criterio propio para evaluar estas afirmaciones.
Clorofila líquida: el verde vegetal en acción
Dentro de los ejemplos más reconocibles de ingrediente vegetal destaca la clorofila líquida. La clorofila es el pigmento verde que permite a las plantas realizar la fotosíntesis y se encuentra de manera abundante en verduras de hoja como la espinaca, el perejil o la rúcula, así como en otras plantas verdes.
Cuando se habla de “clorofila líquida” en el contexto de productos de consumo, normalmente se trata de soluciones o suplementos elaborados a partir de vegetales verdes, en los que se ha concentrado y estabilizado este pigmento para su uso en bebidas, gotas o alimentos funcionales.
En las etiquetas puede aparecer mencionada como “clorofila”, “clorofila líquida”, “clorofilina” o “extracto de clorofila”, y en algunos casos se especifica la planta de origen, por ejemplo “clorofila de alfalfa” o “clorofila de espinaca”. A menudo se utiliza, además, como colorante natural, aportando una tonalidad verde característica a jugos, shots, suplementos líquidos y otros productos que buscan asociarse simbólicamente con lo “verde” y lo vegetal.
Para el consumidor chileno, identificar la clorofila líquida como ingrediente vegetal implica verificar que la etiqueta haga referencia a una fuente vegetal concreta o al menos a la clorofila como pigmento, y que el tipo de producto sea coherente con ese uso. Es lógico encontrarla en bebidas “detox”, mezclas de jugos verdes, suplementos de bienestar o alimentos que se promocionan como ricos en vegetales de hoja.
Al mismo tiempo, es importante diferenciar entre la clorofila “natural” y formas derivadas o modificadas como la clorofilina, que se obtiene a partir de la clorofila pero sufre ciertos procesos químicos para volverse más estable y soluble en agua. Aunque ambas mantienen un vínculo con el pigmento vegetal, el consumidor que busca una opción lo más cercana posible al alimento original puede preferir productos donde se especifique claramente la materia prima, como espinaca, alfalfa o perejil, y donde se detallen las características del extracto utilizado.
L-citrulina: aminoácido de origen frutal
Otro ejemplo interesante de ingrediente relacionado con lo vegetal es la L-citrulina. Es un aminoácido no esencial que el propio organismo puede sintetizar, pero que también se encuentra de forma natural en ciertos alimentos. Se descubrió inicialmente en la sandía, y esta fruta sigue siendo una de sus fuentes más ricas, aunque también se halla en menor proporción en otros vegetales como la calabaza y el pepino.
A partir de este vínculo, se ha popularizado su uso en suplementos nutricionales asociados al rendimiento físico, la circulación y el bienestar general, de modo que hoy es común verla en envases de productos destinados a deportistas o personas que buscan mejorar su energía y recuperación. En las etiquetas de estos productos, la L-citrulina suele aparecer simplemente como “L-citrulina” o “citrulina”, y en ocasiones formando parte de combinaciones como “citrulina malato”, donde el aminoácido se une al ácido málico.
Desde el punto de vista químico, la molécula de L-citrulina es idéntica, independientemente de si se obtuvo de la sandía, por fermentación de microorganismos o mediante síntesis en laboratorio. No obstante, para quien desea priorizar ingredientes de origen vegetal, el proceso de producción sí puede marcar una diferencia.
Algunos fabricantes señalan en sus envases o descripciones que sus productos son aptos para vegetarianos o veganos, indicando que tanto la L-citrulina como las cápsulas y excipientes no derivan de animales. Otros incluso destacan que la materia prima original está vinculada a la sandía u otras fuentes vegetales, reforzando esta imagen de ingrediente vegetal.
Leer la etiqueta con criterio
El punto de partida siempre es la etiqueta, pero no basta con mirarla superficialmente, es necesario interpretarla con cuidado. Normalmente los ingredientes se listan de mayor a menor cantidad, por lo que los componentes vegetales pueden aparecer al comienzo si el producto se basa en jugos de frutas, aceites vegetales o extractos de plantas, o al final si se trata de pequeñas dosis de fitoquímicos, pigmentos o aromas.
Este orden ya ofrece una primera pista sobre la relevancia real del ingrediente vegetal dentro de la fórmula. A esto se suma una dificultad habitual, muchos ingredientes de origen vegetal no aparecen con un nombre sencillo como “extracto de planta X”, sino bajo denominaciones químicas o científicas que pueden resultar confusas.
Así, en lugar de ver “uva” se puede encontrar “extracto de Vitis vinifera”, o en vez de “té verde” leer “extracto de Camellia sinensis”. Estas formas de nombrar son correctas desde el punto de vista técnico, pero requieren cierto conocimiento por parte del consumidor.
Las declaraciones en el frente del envase también influyen en la percepción. Frases como “100% vegetal”, “a base de plantas”, “apto para veganos” o “origen natural” atraen la atención y generan expectativas, pero no reemplazan la lectura del listado de ingredientes ni del rotulado nutricional.
En Chile, el Reglamento Sanitario de los Alimentos y otras normativas exigen que se declaren los ingredientes con claridad, lo que contribuye a la transparencia. Sin embargo, eso no significa que siempre sean fáciles de entender para el público general.
Por ello, una estrategia útil es desarrollar una especie de “diccionario personal” de términos frecuentes, aprendiendo poco a poco a reconocer qué nombres técnicos suelen corresponder a ingredientes vegetales, cuáles pueden proceder de fuentes mixtas y cuáles son claramente sintéticos o de origen animal.