¿Sabías que a los gatos no les gustan las puertas cerradas? Según Live Science, este comportamiento estaría relacionado con su instinto territorial y su curiosidad innata: los felinos buscan tener control y acceso a los espacios que forman parte de su entorno.
Además, una puerta cerrada puede generarles estrés al limitar su acceso y alterar su rutina. En otras palabras, para un gato no existe el “privado”: si cerraste la puerta, automáticamente necesita saber qué hay detrás.
O sea, son sapos.