Desde este 23 de septiembre, Singapur comenzó a aplicar nuevas regulaciones para controlar el comportamiento de los pasajeros en los buses públicos. Comer o beber, poner música a alto volumen, apoyar los pies sobre los asientos o ensuciar el transporte puede significar multas de hasta 500 dólares singapurenses, unos $373 mil chilenos.
Las sanciones pueden ser todavía mayores para conductas consideradas más graves, como provocar peligro u obstrucciones o ensuciar un bus, terminal o intercambiador, con multas de hasta 5.000 dólares singapurenses, cerca de $3,7 millones. La medida busca fomentar un comportamiento más respetuoso entre los pasajeros. En Singapur, aparentemente hasta comerse el pancito en la micro requiere permiso.
¿CUÁNDO EN CHILE?