¿Te dan más ganas de comer cuando hace frío? La ciencia dice que no es solo una excusa. Un estudio explicó que durante el invierno el organismo tiende a buscar comidas calientes, ricas en grasas y carbohidratos, como una respuesta natural para enfrentar las bajas temperaturas y generar una sensación de bienestar. No soy goloso, solo quiero sentirme bien…
Las investigadoras Lauren Ball y Emily Burch señalaron que este comportamiento también está relacionado con una disminución estacional de la serotonina, un neurotransmisor que influye en el estado de ánimo y aumenta el deseo de consumir carbohidratos. En otras palabras, esos calzones rotos o sopaipillas con mostaza que tanto se antoja en invierno… podría ser obra de tu cerebro y no solo de tu estómago.
