La próxima vez que observes a tu gato esconderse detrás de un mueble, fijar la mirada con total concentración en su “presa” y lanzarse al ataque con una precisión sorprendente, estarás presenciando una herencia genética milenaria. Científicos descubrieron que los gatos domésticos comparten aproximadamente el 95,6% de su ADN con el imponente tigre siberiano. Este asombroso hallazgo, publicado originalmente en el año 2013 tras lograr la secuenciación del genoma de grandes felinos, reveló formalmente que ambas especies descienden de un ancestro común que habitó el planeta hace unos 10,8 millones de años.
Esta íntima cercanía evolutiva es la razón principal de por qué muchos de los comportamientos cotidianos del gato de hogar parecen calcados de la vida salvaje. Acciones como acechar en silencio, marcar el territorio mediante arañazos y olores, patrullar constantemente las habitaciones y reaccionar de forma explosiva ante el más mínimo estímulo responden a instintos de cazador que la evolución dejó grabados a fuego en su código genético, sin importar que el objetivo sea un simple juguete de tela o una caja de cartón. Aunque la enorme diferencia de tamaño es evidente, el espíritu del depredador se mantiene intacto dentro del pequeño felino que duerme plácidamente en el sofá.
¿Tu gato naranja también se cree tigre?