Un estudio internacional reveló que las personas con menor nivel socioeconómico tienen un 68% más de riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, como infartos o accidentes cerebrovasculares. Además, la investigación evidenció que este grupo presenta una mortalidad un 86% mayor en comparación con quienes gozan de mejores condiciones económicas. El análisis se llevó a cabo en Alemania, donde se realizó un seguimiento a 15.000 participantes durante diez años, demostrando que la desigualdad impacta de forma directa incluso en países con amplio acceso al sistema de salud.
Los especialistas enfatizaron que esta preocupante brecha se mantiene firme aun controlando variables como el tabaquismo, el alcoholismo, el sedentarismo o la mala alimentación (todas las cosas que padezco). Esto demuestra que la salud del corazón no depende únicamente de las decisiones personales, sino de los entornos sociales, educativos y económicos. Los autores concluyeron que combatir la pobreza y mejorar el acceso a las oportunidades son medidas de salud pública indispensables que pueden salvar miles de vidas.