Pero, ¿no eran ellos los principales productores de carne? Una escena que hace unos años habría sonado a broma de sobremesa hoy se instala en carnicerías del sur de Argentina: la carne de burro comienza a aparecer como alternativa frente al aumento sostenido del precio de la carne vacuna. La iniciativa, impulsada principalmente en la Patagonia, responde a un contexto económico donde el consumo tradicional cae y obliga a buscar opciones más accesibles. Algunos cortes de este nuevo protagonista del mostrador se ofrecen en torno a los $7.500 pesos argentinos por kilo, que sería cerca de las 5 luqitas en Chile, posicionándose como una opción más económica frente al clásico asado, ese que alguna vez fue rutina y ahora coquetea con el estatus de lujo, ya que está por sobre los 20 mil pesos argentinos.
El fenómeno no llega solo ni por capricho culinario: se vincula con un escenario marcado por las reformas económicas del gobierno de Javier Milei y el alza generalizada de precios, que han impactado directamente en los hábitos de consumo. A esto se suman factores productivos, como la crisis en la ganadería ovina y las dificultades para criar ganado bovino en ciertas zonas, donde el burro aparece como una especie más adaptable. Entre la sorpresa, el debate cultural y la resignación con sazón a cambio de menú, la irrupción de esta carne refleja cómo la economía no solo se discute en cifras, sino también en lo que termina llegando a la mesa. Ojalá lo que se sirva sea lomo y no otra parte del burro…