El influencer Cristóbal Romero volvió al centro de la polémica tras publicar un video generado con inteligencia artificial en el que “revive” a Sebastián Leiva, fallecido en 2019. Lo que parecía un experimento tecnológico rápidamente se transformó en una avalancha de críticas: usuarios en redes sociales cuestionaron duramente el contenido, acusándolo de cruzar una línea básica de respeto. Comentarios como “¿todo por un like?”, “¿y el respeto?” o “me dio pena” se repitieron, instalando la idea de que el uso de la imagen de una persona fallecida, sin contexto ni consentimiento familiar, no fue percibido como homenaje, sino como una acción insensible.
La reacción más directa vino desde Bárbara Soto, expareja del “Cangri” y madre de su hijo, quien pidió públicamente que el video fuera eliminado y advirtió posibles acciones legales. En su mensaje, cuestionó si existía “un poco de remordimiento”, enfatizando que el menor podría ver el contenido. Su intervención reforzó un debate que ya estaba instalado: más allá del avance tecnológico, el episodio expuso los límites éticos del uso de la inteligencia artificial en redes sociales, donde la búsqueda de impacto puede terminar chocando con el sentido común.