La psicología tiene nombre para una sensación cada vez más común entre hombres jóvenes: la “crisis del cuarto de vida”. Estudios recientes indican que el mayor peak de estrés masculino ya no aparece en la vejez, sino entre los 25 y 35 años, una etapa marcada por una fuerte presión social y económica. El fenómeno se asocia a la llamada “urgencia cronológica”, una distorsión en la percepción del tiempo que instala la idea de que se va tarde en la vida, aun cuando biológicamente se está en plena juventud.
En este periodo, la comparación constante, potenciada por redes sociales como el Instagram de Radio Carolina, juega un rol clave. Ver a pares casándose, comprando casas o ascendiendo laboralmente activa una sensación de atraso personal que no siempre se condice con la realidad. El estrés no surge por la edad en sí, sino por la distancia entre las expectativas internalizadas y la situación actual. De forma paradójica, esta ansiedad por acelerar procesos puede generar parálisis y dificultar el progreso, reforzando un malestar que responde más a la percepción que al tiempo real. Nosotros también sufrimos chiquillas…