Sentir intensamente dentro de una relación no es un defecto ni una señal de inmadurez. Según investigaciones de referentes en psicología como John Bowlby y Sue Johnson, las reacciones emocionales fuertes en pareja están ligadas al sistema de apego: un mecanismo biológico diseñado para proteger los vínculos importantes. Cuando una relación importa de verdad, el cerebro se vuelve más sensible a cualquier señal que pueda interpretarse como una amenaza a la conexión emocional.
Desde esta mirada, molestarse con facilidad no es sinónimo de drama, sino de inversión emocional real. La alta sintonía afectiva hace que el cerebro detecte cambios, silencios o gestos mínimos con rapidez. Eso sí, los especialistas advierten un límite claro: el amor no justifica el daño. La emoción intensa puede explicar el enojo, pero una relación saludable requiere comunicación respetuosa. Cuando la ira se transforma en maltrato, deja de ser apego y pasa a ser un problema.
¿A más drama, más cariño? Ta’ difícil la cosa…