Diversos estudios en psicología y medicina psicosomática muestran que el contacto físico tiene un efecto directo sobre el sistema de estrés del cuerpo. Abrazar, acariciar o incluso tomar la mano reduce los niveles de cortisol y baja la respuesta fisiológica ante situaciones tensas. En experimentos con parejas y vínculos cercanos, un abrazo previo bastó para disminuir presión arterial y activar una respuesta más calmada, como si el cuerpo dijera: “ok, no estamos solos en esto”.
Cuando el tacto escasea, ocurre lo contrario: aumenta la ansiedad, la sensación de soledad y la activación del sistema de alerta. A este fenómeno se le conoce como “estar como tetera”, una necesidad biológica de contacto humano que nada puede reemplazar. En una era dominada por interacciones digitales, los estudios recuerdan que un gesto tan simple como un abrazo puede tener efectos sorprendentemente terapéuticos…
¿Anda faltando una salidita para desestresarse o no?