Investigaciones realizadas por la Brigham Young University revelan que los padres suelen dedicar más tiempo y recursos a los hijos considerados más vulnerables, demandantes o con dificultades emocionales, académicas o de conducta, mientras que los más responsables e independientes quedan, muchas veces, en un segundo plano.
Este patrón responde a la idea de que los hijos “problemáticos” necesitan mayor cuidado, lo que convierte a los más confiables en una suerte de red de seguridad silenciosa dentro de la familia. Aunque esta dinámica no implica necesariamente tener un hijo preferido, sí puede generar desequilibrios en la relación entre hermanos, dejando en algunos sentimientos de invisibilidad al no recibir la misma atención.