Paul Iera, un hombre australiano, ideó un plan digno de una película para pasar una noche romántica con su amante sin que su esposa lo descubriera. Salir de casa y enviar un inusual mensaje a su esposa parecía ser la solución perfecta, ya que el mensaje decía: “Vamos a ser justos. Está bien. Lo tendremos con nosotros hasta la mañana, cuando nos dé su motocicleta”. Sin embargo, la astucia de Paul se desmoronó cuando la policía descubrió que su “secuestro” no era más que una falsedad para encontrarse con una trabajadora sexual en un hotel.
Las cámaras de seguridad del hotel y la tarjeta de crédito utilizada para pagar la habitación revelaron la verdad detrás de su coartada. La mentira de dos semanas le costó su matrimonio, 350 horas de servicio comunitario y un pago de aproximadamente 16 mil dólares australianos, además de cubrir los costos de la investigación y operativos de la Policía de Nueva Gales del Sur.